{"id":1828,"date":"2025-05-02T22:28:10","date_gmt":"2025-05-02T22:28:10","guid":{"rendered":"https:\/\/labdeletras.com\/?post_type=short_story&#038;p=1828"},"modified":"2025-05-22T22:00:35","modified_gmt":"2025-05-22T22:00:35","slug":"desde-que-te-vi","status":"publish","type":"short_story","link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/short-stories\/desde-que-te-vi\/","title":{"rendered":"Desde que te vi"},"content":{"rendered":"<p>Luc\u00eda y Tom\u00e1s viv\u00edan en un peque\u00f1o departamento en la zona sur de la ciudad. No ten\u00eda grandes lujos, apenas una sala con un sill\u00f3n viejo que cruj\u00eda cada vez que se sentaban, una cocinita de dos hornillas y un dormitorio con una cama que tambi\u00e9n chirriaba. Las paredes ten\u00edan manchas de humedad que aparec\u00edan cada vez que llov\u00eda, y la ventana del cuarto no cerraba bien desde hac\u00eda meses. Pero era suyo. Bueno, alquilado, pero al menos era su espacio, su refugio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s trabajaba en una ferreter\u00eda, seis d\u00edas a la semana, por un sueldo que apenas alcanzaba para cubrir lo b\u00e1sico. Luc\u00eda limpiaba casas por horas, aunque cada vez le sal\u00edan menos trabajos. A veces, hac\u00edan cuentas hasta tarde, con una libreta llena de n\u00fameros y tachaduras, tratando de estirar los billetes que parec\u00edan encogerse cada mes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche de invierno, mientras compart\u00edan una cena sencilla \u2014pan con queso y un poco de caf\u00e9 negro, Tom\u00e1s le dijo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes qu\u00e9 es lo raro? \u2014mir\u00e1ndola con una sonrisa cansada\u2014 Que no cambiar\u00eda esta vida contigo por ninguna otra con m\u00e1s plata pero sin ti.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda se ri\u00f3 bajito, apoyando su cabeza en su hombro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni yo. Aunque s\u00ed aceptar\u00eda una estufita m\u00e1s potente \u2014brome\u00f3, abraz\u00e1ndolo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00edan casi nada, pero se ten\u00edan. Y eso era lo que m\u00e1s valoraban. Cada ma\u00f1ana, antes de salir al trabajo, Tom\u00e1s le dejaba una nota en la mesa. A veces solo era un \u201cte amo\u201d, otras veces un dibujo torpe de un coraz\u00f3n o un chiste tonto. Luc\u00eda los coleccionaba en una cajita que guardaba bajo la cama.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los fines de semana eran su peque\u00f1o escape. No pod\u00edan pagar salidas caras, as\u00ed que caminaban. Caminaban por los parques, por las ferias, por los barrios m\u00e1s lindos de la ciudad donde se imaginaban c\u00f3mo ser\u00eda vivir en una casa con jard\u00edn. Se sentaban en una plaza, compart\u00edan un helado, y so\u00f1aban despiertos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un d\u00eda, amor, vamos a tener nuestra casa con perritos y una cocina grande donde puedas hacer tus galletas \u2014le dec\u00eda Tom\u00e1s, apret\u00e1ndole la mano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y t\u00fa vas a tener tu taller, con todas tus herramientas, y no tendr\u00e1s que trabajar para nadie \u2014le respond\u00eda ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00edan si ese \u201cun d\u00eda\u201d llegar\u00eda, pero so\u00f1ar no costaba nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La vida, sin embargo, no se deten\u00eda. Los gastos crec\u00edan, y los trabajos se reduc\u00edan. Hubo meses donde la electricidad estuvo al borde del corte, y el gas solo lo usaban para lo esencial. A veces, la cena era solo arroz con un poco de manteca. Pero aun as\u00ed, pon\u00edan m\u00fasica en el celular y cenaban bailando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, despu\u00e9s de una lluvia fuerte, el techo del ba\u00f1o comenz\u00f3 a gotear. Luc\u00eda estaba frustrada, secando con toallas, mientras Tom\u00e1s intentaba arreglarlo con un balde y cinta adhesiva.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto parece una comedia de las malas \u2014dijo ella, empapada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pero al menos estamos juntos en el desastre \u2014contest\u00f3 \u00e9l, d\u00e1ndole un beso en la frente mojada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos los quer\u00edan. No porque tuvieran mucho, sino por su calidez. Siempre saludaban con una sonrisa, ayudaban cuando pod\u00edan, y compart\u00edan lo poco que ten\u00edan. Cuando a do\u00f1a Esther, la se\u00f1ora del 3\u00b0B, se le enferm\u00f3 el gato, Luc\u00eda la acompa\u00f1\u00f3 al veterinario. Cuando Tom\u00e1s necesit\u00f3 una escalera, Pedro del 2\u00b0A se la prest\u00f3 sin pensarlo. A veces, la riqueza est\u00e1 en los lazos humanos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, Luc\u00eda recibi\u00f3 una oferta para trabajar en una peque\u00f1a panader\u00eda. No pagaban mucho, pero era un ingreso fijo. Y lo mejor: pod\u00eda llevar pan a casa al final del d\u00eda. El primer d\u00eda que lleg\u00f3 con una bolsa llena de facturas, lo celebraron como si fuera Navidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hoy cenamos como reyes \u2014dijo Tom\u00e1s, alzando una medialuna como si fuera una copa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y en efecto, esa noche, entre risas, migas de pan y caf\u00e9 tibio, se sintieron los m\u00e1s ricos del mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los a\u00f1os. La situaci\u00f3n mejor\u00f3 poco a poco. No de golpe, pero s\u00ed con constancia. Cambiaron de barrio, arreglaron sus cosas, y hasta pudieron adoptar a un perro callejero al que llamaron &#8220;Chance&#8221;.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nunca olvidaron esos d\u00edas dif\u00edciles. Porque en medio de todo, aprendieron una verdad que el dinero no compra: que la felicidad no siempre viene en forma de cosas, sino de momentos compartidos, de manos que no te sueltan, y de saber que, pase lo que pase, uno tiene un hogar en el coraz\u00f3n del otro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda y Tom\u00e1s viv\u00edan en un peque\u00f1o departamento en la zona sur de la ciudad. No ten\u00eda grandes lujos, apenas una sala con un sill\u00f3n viejo que cruj\u00eda cada vez que se sentaban, una cocinita de dos hornillas y un dormitorio con una cama que tambi\u00e9n chirriaba. Las paredes ten\u00edan manchas de humedad que aparec\u00edan cada vez que llov\u00eda, y la ventana del cuarto no cerraba bien desde hac\u00eda meses. Pero era suyo. Bueno, alquilado, pero al menos era su espacio, su refugio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00e1s trabajaba en una ferreter\u00eda, seis d\u00edas a la semana, por un sueldo que apenas alcanzaba para cubrir lo b\u00e1sico. Luc\u00eda limpiaba casas por horas, aunque cada vez le sal\u00edan menos trabajos. A veces, hac\u00edan cuentas hasta tarde, con una libreta llena de n\u00fameros y tachaduras, tratando de estirar los billetes que parec\u00edan encogerse cada mes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche de invierno, mientras compart\u00edan una cena sencilla \u2014pan con queso y un poco de caf\u00e9 negro\u2014, Tom\u00e1s le dijo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes qu\u00e9 es lo raro? \u2014mir\u00e1ndola con una sonrisa cansada\u2014 Que no cambiar\u00eda esta vida contigo por ninguna otra con m\u00e1s plata pero sin ti.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda se ri\u00f3 bajito, apoyando su cabeza en su hombro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ni yo. Aunque s\u00ed aceptar\u00eda una estufita m\u00e1s potente \u2014brome\u00f3, abraz\u00e1ndolo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00edan casi nada, pero se ten\u00edan. Y eso era lo que m\u00e1s valoraban. Cada ma\u00f1ana, antes de salir al trabajo, Tom\u00e1s le dejaba una nota en la mesa. A veces solo era un \u201cte amo\u201d, otras veces un dibujo torpe de un coraz\u00f3n o un chiste tonto. Luc\u00eda los coleccionaba en una cajita que guardaba bajo la cama.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los fines de semana eran su peque\u00f1o escape. No pod\u00edan pagar salidas caras, as\u00ed que caminaban. Caminaban por los parques, por las ferias, por los barrios m\u00e1s lindos de la ciudad donde se imaginaban c\u00f3mo ser\u00eda vivir en una casa con jard\u00edn. Se sentaban en una plaza, compart\u00edan un helado, y so\u00f1aban despiertos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un d\u00eda, amor, vamos a tener nuestra casa con perritos y una cocina grande donde puedas hacer tus galletas \u2014le dec\u00eda Tom\u00e1s, apret\u00e1ndole la mano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y t\u00fa vas a tener tu taller, con todas tus herramientas, y no tendr\u00e1s que trabajar para nadie \u2014le respond\u00eda ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00edan si ese \u201cun d\u00eda\u201d llegar\u00eda, pero so\u00f1ar no costaba nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La vida, sin embargo, no se deten\u00eda. Los gastos crec\u00edan, y los trabajos se reduc\u00edan. Hubo meses donde la electricidad estuvo al borde del corte, y el gas solo lo usaban para lo esencial. A veces, la cena era solo arroz con un poco de manteca. Pero aun as\u00ed, pon\u00edan m\u00fasica en el celular y cenaban bailando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, despu\u00e9s de una lluvia fuerte, el techo del ba\u00f1o comenz\u00f3 a gotear. Luc\u00eda estaba frustrada, secando con toallas, mientras Tom\u00e1s intentaba arreglarlo con un balde y cinta adhesiva.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto parece una comedia de las malas \u2014dijo ella, empapada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pero al menos estamos juntos en el desastre \u2014contest\u00f3 \u00e9l, d\u00e1ndole un beso en la frente mojada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos los quer\u00edan. No porque tuvieran mucho, sino por su calidez. Siempre saludaban con una sonrisa, ayudaban cuando pod\u00edan, y compart\u00edan lo poco que ten\u00edan. Cuando a do\u00f1a Esther, la se\u00f1ora del 3\u00b0B, se le enferm\u00f3 el gato, Luc\u00eda la acompa\u00f1\u00f3 al veterinario. Cuando Tom\u00e1s necesit\u00f3 una escalera, Pedro del 2\u00b0A se la prest\u00f3 sin pensarlo. A veces, la riqueza est\u00e1 en los lazos humanos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, Luc\u00eda recibi\u00f3 una oferta para trabajar en una peque\u00f1a panader\u00eda. No pagaban mucho, pero era un ingreso fijo. Y lo mejor: pod\u00eda llevar pan a casa al final del d\u00eda. El primer d\u00eda que lleg\u00f3 con una bolsa llena de facturas, lo celebraron como si fuera Navidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hoy cenamos como reyes \u2014dijo Tom\u00e1s, alzando una medialuna como si fuera una copa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y en efecto, esa noche, entre risas, migas de pan y caf\u00e9 tibio, se sintieron los m\u00e1s ricos del mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los a\u00f1os. La situaci\u00f3n mejor\u00f3 poco a poco. No de golpe, pero s\u00ed con constancia. Cambiaron de barrio, arreglaron sus cosas, y hasta pudieron adoptar a un perro callejero al que llamaron &#8220;Chance&#8221;.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nunca olvidaron esos d\u00edas dif\u00edciles. Porque en medio de todo, aprendieron una verdad que el dinero no compra: que la felicidad no siempre viene en forma de cosas, sino de momentos compartidos, de manos que no te sueltan, y de saber que, pase lo que pase, uno tiene un hogar en el coraz\u00f3n del otro.&nbsp;<\/p>","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}}},"contest_year":[8],"class_list":["post-1828","short_story","type-short_story","status-publish","hentry","contest_year-8"],"acf":[],"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"trp-custom-language-flag":false},"uagb_author_info":{"display_name":"llorenc.m.h@protonmail.com","author_link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Luc\u00eda y Tom\u00e1s viv\u00edan en un peque\u00f1o departamento en la zona sur de la ciudad. 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