{"id":1829,"date":"2025-05-02T22:35:50","date_gmt":"2025-05-02T22:35:50","guid":{"rendered":"https:\/\/labdeletras.com\/?post_type=short_story&#038;p=1829"},"modified":"2025-05-22T22:00:30","modified_gmt":"2025-05-22T22:00:30","slug":"el-peso-de-vivir-con-lo-que-no-se-elige","status":"publish","type":"short_story","link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/short-stories\/el-peso-de-vivir-con-lo-que-no-se-elige\/","title":{"rendered":"El peso de vivir con lo que no se elige"},"content":{"rendered":"<p>El pueblo de Bel\u00e9n de Umbr\u00eda era peque\u00f1o, con calles limpias y casas de colores muy llamativos. All\u00ed viv\u00eda Mateo, un ni\u00f1o de doce a\u00f1os que a\u00fan no conoc\u00eda el lado oscuro del mundo. Iba a la escuela por las ma\u00f1anas, ayudaba a su padre en las tardes en el taller, y por las noches se dorm\u00eda en casa para seguir al otro d\u00eda con lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo no ten\u00eda muchos amigos. Siempre fue callado, de esos que prefieren observar y analizar a las dem\u00e1s personas. Su madre se hab\u00eda ido a vivir a la<br>ciudad y su pap\u00e1 trabajaba en un taller de motos. Una tarde cualquiera, despu\u00e9s del colegio, Mateo conoci\u00f3 a Santiago, un joven de<br>diecisiete a\u00f1os que siempre estaba jugando f\u00fatbol. Santiago era distinto: ten\u00eda mucha confianza en s\u00ed mismo y una forma de hablar que enganchaba a las<br>personas. Era popular, ten\u00eda motos, novias, amigos y mucho dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfVos sos el ni\u00f1o que vive con el pap\u00e1 en la casa de dos pisos en la plaza, cierto? \u2014le dijo un d\u00eda, mientras Mateo miraba un partido desde las gradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo asinti\u00f3, sin saber qu\u00e9 decir. Santiago empez\u00f3 a acercarse m\u00e1s. Le compraba bombones, lo llevaba en moto a todas partes, lo invitaba a su casa.<br>Mateo, que nunca hab\u00eda tenido una figura de hermano mayor, empez\u00f3 a verlo como alguien especial. Lo admiraba. Y aunque no entend\u00eda muchas cosas, le<br>gustaba estar con \u00e9l. Lo hac\u00eda sentir importante.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, Santiago lo invit\u00f3 a su habitaci\u00f3n. Su casa se manten\u00eda sola porque su pap\u00e1 trabajaba en Pereira y \u00e9l viv\u00eda con un t\u00edo que no aparec\u00eda mucho. El cuarto<br>estaba lleno de dinosaurios, ropa amontonada y un olor extra\u00f1o que Mateo no conoc\u00eda. Ese d\u00eda, las cosas cambiaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo no entend\u00eda nada de lo que estaba pasando. Solo sab\u00eda que era su primera vez, ten\u00eda mucho miedo y un dolor en el pecho. Todo fue extra\u00f1o, silencioso,<br>r\u00e1pido. No hubo explicaciones, ni palabras dulces, ni caricias. Solo una sensaci\u00f3n de vac\u00edo. Al otro d\u00eda Mateo no fue al colegio. Se qued\u00f3 en casa con un nudo en el est\u00f3mago.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los d\u00edas. Santiago ya ni lo buscaba, y cuando lo ve\u00eda en la calle, apenas lo miraba, como si nada hubiera pasado. Mateo intent\u00f3 volver a su vida cotidiana, pero se sent\u00eda sucio y vac\u00edo. No pod\u00eda dormir, no pod\u00eda concentrarse. Su padre empez\u00f3 a notarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tienes, hijo? \u00bfTe duele algo? \u2014le preguntaba \u00e9l, preocupado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada. Solo estoy cansado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no era solo cansancio. A las semanas, Mateo empez\u00f3 a enfermarse. Le daba fiebre, dolor de cabeza, mareos. El padre lo llev\u00f3 al hospital del pueblo. All\u00ed, entre an\u00e1lisis y preguntas, una doctora se le acerc\u00f3 con una dura verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mateo, tenemos que hablar de algo muy importante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l la mir\u00f3 sin decir nada, como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu examen sali\u00f3 positivo. Tienes VIH.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo no entendi\u00f3 al principio. Solo vio c\u00f3mo la cara de su padre se puso roja de rabia y confusi\u00f3n. La doctora habl\u00f3 y trat\u00f3 de explicarle, pero Mateo no escuch\u00f3 casi nada. Todo lo que hab\u00eda vivido en los \u00faltimos d\u00edas tom\u00f3 sentido. La culpa, la verg\u00fcenza, el miedo. Todo se le vino encima.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pueblo se empez\u00f3 a hablar del VIH que ten\u00eda Mateo. Aunque los doctores juraban confidencialidad, siempre hab\u00eda alguien que escuchaba m\u00e1s de la cuenta. Y en el hospital San Jos\u00e9, los secretos no duran mucho. Mateo empez\u00f3 a notar que todo el mundo lo miraba y lo se\u00f1alaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no lo dejaban jugar con otros ni\u00f1os. En el colegio, algunos profesores lo miraban con l\u00e1stima, y otros con distancia. El padre intentaba protegerlo, pero no pod\u00eda hacer mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo dej\u00f3 de salir. Se encerr\u00f3 en su cuarto, no abr\u00eda las ventanas cuando hab\u00eda muchas personas en la calle y solo sal\u00eda para las citas m\u00e9dicas. Comenz\u00f3 un tratamiento con pastillas que deb\u00eda tomar todos los d\u00edas. A veces lloraba, otras veces se quedaba horas mir\u00e1ndose en el espejo, tratando de entender lo que pasaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, su padre se sent\u00f3 a su lado y le tom\u00f3 la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hijo, esto no es tu culpa. Usted es un ni\u00f1o bueno. Lo que te pas\u00f3 no lo merec\u00edas, pero vas a salir adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo no respondi\u00f3, pero esa noche durmi\u00f3 un poco mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los meses. Mateo aprendi\u00f3 a vivir con el VIH. No se volvi\u00f3 fuerte de un d\u00eda para otro, pero cada vez fue encontrando formas de resistir. A veces hablaba<br>con una psic\u00f3loga que lo ayudaba a entender lo que hab\u00eda pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Santiago hab\u00eda desaparecido del pueblo. Dec\u00edan que se hab\u00eda ido a otra ciudad; otros, que estaba en problemas. Mateo nunca supo m\u00e1s de \u00e9l. Y aunque a veces<br>sent\u00eda rabia, m\u00e1s que todo sent\u00eda tristeza, como si le hubieran robado una parte de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando cumpli\u00f3 los 13, ya hab\u00eda enfrentado la realidad. Sab\u00eda m\u00e1s sobre el mundo y las personas que lo rodean, consigui\u00f3 nuevos amigos y ya no estaba tan solo. Aunque no pod\u00eda negar que pensaba en Santiago, ya no le afectaba tanto como antes.<\/p>\n\n\n\n<p>(Basado en hechos reales)<\/p>","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}}},"contest_year":[8],"class_list":["post-1829","short_story","type-short_story","status-publish","hentry","contest_year-8"],"acf":[],"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"trp-custom-language-flag":false},"uagb_author_info":{"display_name":"llorenc.m.h@protonmail.com","author_link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"El pueblo de Bel\u00e9n de Umbr\u00eda era peque\u00f1o, con calles limpias y casas de colores muy llamativos. 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