{"id":3026,"date":"2026-05-01T09:58:49","date_gmt":"2026-05-01T14:58:49","guid":{"rendered":"https:\/\/labdeletras.com\/?post_type=short_story&#038;p=3026"},"modified":"2026-05-01T10:39:38","modified_gmt":"2026-05-01T15:39:38","slug":"ecos-de-una-conciencia-atribulada","status":"publish","type":"short_story","link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/short-stories\/ecos-de-una-conciencia-atribulada\/","title":{"rendered":"Ecos de una conciencia atribulada"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Ecos de una conciencia atribulada<\/strong><br>Dr. Juli\u00e1n Valenzuela de la Torre<\/p>\n\n\n\n<p>Los fragmentos transcritos a continuaci\u00f3n fueron hallado de manera fortuita durante las labores de revisi\u00f3n de documentos hist\u00f3ricos no catalogados del fondo Real Hacienda. Se trata de una misiva de car\u00e1cter privado, carente de firma, con gran parte del documento ilegible, redactada entre 1537 y 1545.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos constituyen un testimonio singular en el que convergen narraci\u00f3n de viaje, memoria b\u00e9lica y confesi\u00f3n \u00edntima. El estudio paleogr\u00e1fico y el an\u00e1lisis del discurso sugieren que estamos ante un testimonio clave para comprender la subjetividad de la conquista y la \u2018microhistoria\u2019 del proceso de colonizaci\u00f3n. Su valor reside tanto en la informaci\u00f3n que aporta sobre los procesos tempranos de exploraci\u00f3n y confrontaci\u00f3n en territorio americano, como en la dimensi\u00f3n subjetiva que revela.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que otorga a estas piezas un valor historiogr\u00e1fico incalculable no es solo su descripci\u00f3n del Nuevo Reino de Granada, sino la ins\u00f3lita carga de arrepentimiento. Mientras que las cr\u00f3nicas oficiales de la \u00e9poca suelen centrarse en la exaltaci\u00f3n de la Corona y la fe, este testimonio nos ofrece una ventana al conflicto moral de un hombre desgarrado entre la codicia y el deber.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">[Fragmento I]<\/p>\n\n\n\n<p>        \u00ab\u2026ca de aquellos seizientos hombres que con gran estruendo salimos, no qued\u00f3 ni la sombra de lo que fuimos. De Santa Marta con gran \u00edmpetu, bajamos por el r\u00edo Grande con harto trabajo, mas la tierra se nos mostr\u00f3 madrastra. Adentram\u00f3snos en la espesura de la selva donde fiebres e llagas se cebaron en nosotros, ca muchos cayeron sin aliento. Llegados a Barrancas Bermejas, vi\u00e9ndose tan atribulada y sin camino, el desmayo de la gente fue tal, rota de hambre, que intent\u00f3 sublevarse, mas la fortuna quiso que hall\u00e1semos el rastro de la sal, que nos gui\u00f3 como estrella e ans\u00ed quiso Dios que del rio gan\u00e1ramos la sierra. \u00a1Ay de nosotros!, que al divisar el valle no qued\u00e1bamos sino dozientos cristianos, pues los dem\u00e1s muertos o tullidos quedaron sepultados no infierno da selva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">[Fragmento II]<\/p>\n\n\n\n<p>        \u00ab\u2026e ans\u00ed, hallamos gran multitud de naturales que dizen ser Moscas, gentes de buena coraz\u00f3n que vi\u00e9ndonos andrajosos e flacos, hobi\u00e9ronnos l\u00e1stima. Di\u00e9ronnos mantas e ropajes para no perecer de fr\u00edo, e a nuestros caballos di\u00e9ronles buena simiente estando en los huesos. Anduvimos hasta Chipat\u00e1, donde se al\u00e7\u00f3 altar y se dixo la primera Missa naquelas terras pidiendo clemencia. \u00a1Ay, Se\u00f1or, que en aquel altar juramos fe que luego tornamos en traici\u00f3n! Pasamos por Moniquir\u00e1 y Susa, e por Cucunub\u00e1, donde nos daban viandas e oro a manos abiertas. En Guachet\u00e1 entramos en el Templo del Sol e, tras hincar una Cruz de madera, tomamos las primeras esmeraldas, ca ya el veneno de la codicia empezaba a emponzo\u00f1ar la sangre\u2026 Vanitas vanitatum, omnia vanitas\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">[Fragmento III]<\/p>\n\n\n\n<p>        \u00ab\u2026en Suesca llegaron noticias del gran se\u00f1or Bogot\u00e1, e fuimos a sus dominios en busca de tesoros. All\u00ed se nos dio batalla por quinientos indios en Zipaquir\u00e1, mas la victoria fue f\u00e1cil. Tras lidiar otra vez en Cajic\u00e1, cruzamos el r\u00edo Funza e llegamos a Chocont\u00e1, dende vimos casas con techumbres tan altas que pareci\u00e9ronos alc\u00e1zares. Llegados a Suba e de all\u00ed a Muyquyt\u00e1, hallamos la ciudad muda, ca el zipa se lo hobo llevado todo en su partida. Tornamos sin oro ni esmeraldas e anll\u00ed la soldadesca andaba enloquecida, como bestias del Apocalipsis no buscando a Dios sino al brillo\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">[Fragmento IV]<\/p>\n\n\n\n<p>        \u00ab\u2026perdiendo todo temor de Dios, entramos en Hunza como lobos. El palacio del Hoa Eucaneme era cosa de visi\u00f3n, paredes e puertas cubiertas de oro que relumbraba con el sol. All\u00ed se mat\u00f3 e se saque\u00f3 sin mesura e lo mesmo se hizo en Suamox, donde el fuego consumi\u00f3 el Templo tornando las suplicas daquelos infelices en alaridos de muerte. Quid prodest homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur? \u00bfDe qu\u00e9 sirvi\u00f3 el oro si perdimos nuestras \u00e1nimas?\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">[Fragmento V]<\/p>\n\n\n\n<p>        \u00ab\u2026toda la hueste enfil\u00f3 a Muyquyt\u00e1 e anll\u00ed un soldado hobo muerto al rey Bogot\u00e1, siendo Sigipa quien pidi\u00f3 el trono, peleando a nuestro lado como aliado fiel. Mas, \u00a1o atrocidad nunca vista!, fue torturado hasta la muerte para que declarasen d\u00f3nde estaba el oro, e don Garc\u00eda di\u00f3le tormento junto a dos de sus parientes nobles. Cain, ubi est Abel frater tuus? \u00a1Atroz pecado!<\/p>\n\n\n\n<p>        Fund\u00f3se luego pueblo e reparti\u00f3 el Licenciado el oro e las verdes piedras entre nosotros, mas \u00e9l nunca volvi\u00f3 a la Corte de Madrid a dar cuenta de tan viles matanzas e latrocinios, prefiriendo ser rey en la tierra que siervo del Cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>        <em>Vindica, Domine, sanguinem sanctorum tuorum qui effusus est<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--70)\">Tras el an\u00e1lisis prosopogr\u00e1fico, es posible suponer la identidad de un posible autor, aunque el misterio permanece abierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo apunta a Alonso de Aguilar, hijo de una familia de hidalgos empobrecidos de Castilla- La Mancha, que habr\u00eda recibido una educaci\u00f3n religiosa, queriendo sus padres que fuera sacerdote antes de embarcarse hacia las Indias en busca de fortuna tras caer en desgracia. Los registros de la \u00e9poca lo sit\u00faan como ballestero y, ocasionalmente, escribano.<\/p>\n\n\n\n<p>Su rastro se pierde despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de Santaf\u00e9. Por mucho se especul\u00f3 que se sumi\u00f3 a un retiro religioso voluntario, pero parece que quiso volver para dar cuenta de la gesti\u00f3n del Licenciado, de quien se habr\u00edan recibido quejas por lo sucedido con Sagipa.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, existen inconsistencias que impiden una atribuci\u00f3n definitiva. Otra opci\u00f3n hist\u00f3ricamente s\u00f3lida ser\u00eda Fray Domingo de las Casas, un fraile dominico nacido en Sevilla y educado en la Universidad de Salamaca. Se uni\u00f3 a la expedici\u00f3n para evangelizar la poblaci\u00f3n ind\u00edgena, pero fue testigo de las atrocidades de la Conquista.<\/p>\n\n\n\n<p>La historiograf\u00eda recoge evidencia de su integridad moral, no solo porque era hermano de comunidad y tambi\u00e9n primo de Bartolom\u00e9 de las Casas, sino porque durante el repartimiento del bot\u00edn tras fundar Santaf\u00e9, Fray Domingo rechaz\u00f3 su parte de oro y esmeraldas. En un acto de desprendimiento material, pidi\u00f3 que todo fuera donado para la erecci\u00f3n de la primera iglesia, prefiriendo la pobreza evang\u00e9lica al oro ensangrentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Regres\u00f3 a Espa\u00f1a, muriendo poco despu\u00e9s de su llegada. De ser su autor, se podr\u00eda especular que estas cartas fueron o bien redactadas como un registro de lo sucedido para dar cuenta al Consejo de Indias, o bien un descargo de conciencia pr\u00f3ximo a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00faltima instancia, estos fragmentos no son solo un registro m\u00e1s de la conquista, sino la evidencia de un naufragio espiritual, record\u00e1ndonos que, bajo los cimientos de cada ciudad fundada, hay una verdad que la historia oficial a menudo nos hace olvidar, que la peor batalla no fue por la tierra, sino la de algunos hombres contra su propia moral.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"disabled","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}}},"contest_year":[25],"contest_category":[29],"class_list":["post-3026","short_story","type-short_story","status-publish","hentry","contest_year-25","contest_category-libre"],"acf":[],"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"trp-custom-language-flag":false},"uagb_author_info":{"display_name":"llorenc.m.h@protonmail.com","author_link":"https:\/\/labdeletras.com\/en\/author\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"Ecos de una conciencia atribuladaDr. Juli\u00e1n Valenzuela de la Torre Los fragmentos transcritos a continuaci\u00f3n fueron hallado de manera fortuita durante las labores de revisi\u00f3n de documentos hist\u00f3ricos no catalogados del fondo Real Hacienda. 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