Río ciego en silencio

Autor: Araña desarmada (Thomas Pachón)

A Samantha la encontraron entre las rocas del río.

Melanie bajaba todos los días por ese camino para ir al colegio. En la mañana vio una bicicleta tirada a la mitad del camino. Le pareció extraño, pero no le dio importancia así que siguió caminando.

Cuando llegó cerca del río escuchó cómo las piedras sonaban fuerte por la corriente, entonces miró hacia abajo.

Y vio el cuerpo de Samantha entre las rocas.

Melanie se quedó en blanco, no sabía qué hacer. Del miedo salió corriendo hasta llegar al pueblo.

La noticia se empezó a regar primero en una casa, luego en otra. En poco tiempo ya había gente caminando hacia la casa de Samantha.

Valeria fue quien llegó primero donde Melanie.

  • Dicen que Samantha se suicidó —le dijo.

Melanie se quedó en silencio unos segundos.

Sabía que era verdad.

La casa de Samantha se llenó rápido.

Vecinos, familiares y gente del colegio comenzaron a llegar desde temprano.

Melanie y Valeria llegaron juntas.

Desde afuera se escuchaban los gritos de la mamá de Samantha.

Las dos se quedaron viendo la puerta antes de entrar.

Dentro de la casa todo parecía más pequeño. Había sillas prestadas, flores blancas en cada mesa y varias personas rezando en silencio.

Melanie no podía tener la cabeza en alto. Sentía un dolor de cabeza que no la dejaba pensar con claridad.

Valeria la miró a los ojos, la abrazó y le dijo que esto no parecía real, que parecía un sueño de mal gusto, una horrible pesadilla.

Melanie solo pudo mirar al suelo queriendo que todo esto fuera falso.

Samantha no era una persona que formara problemas. En el colegio siempre era muy tranquila, pero en las últimas semanas estaba más callada y no prestaba atención, solo se quedaba mirando el cielo.

Una vez Melanie la vio discutiendo con un hombre en la plaza del pueblo. Cuando Samantha vio que la estaban mirando, dejó de hablar y se fue.

  • ¿Quién era él? —le había preguntado Valeria ese día.
  • No es nadie importante —respondió Samantha.

No quiso decir más.

El velorio terminó tarde esa noche.

Durante los días siguientes el pueblo volvió poco a poco a lo de siempre. Las clases siguieron, los buses pasaban por la carretera y en la plaza la gente hablaba de otras cosas sin mencionar lo de Samantha.

Pero Melanie no podía dejar de pensar en lo que había pasado.

Un día fue a buscar a Valeria.

  • ¿Te acuerdas del hombre con el que Samantha estaba discutiendo en la plaza? —le preguntó.
  • Sí… creo que sí lo recuerdo. ¿Por qué?
  • No sé… pero siento que algo de todo esto tiene que ver con él.

Las dos decidieron caminar hasta la plaza.

A esa hora había mucha gente. Algunas personas compraban en las tiendas, otras estaban sentadas en las bancas hablando, y los niños corrían cerca de la fuente de agua.

Melanie miraba los negocios tratando de recordar dónde había visto a Samantha ese día.

  • Creo que era por esta parte —dijo señalando una tienda pequeña.

Se acercaron.

Pero el hombre no estaba.

Dentro solo había una señora acomodando unas cajas.

  • Buenas tardes —dijo Valeria—. ¿El señor que trabaja aquí no está?

La mujer negó con la cabeza.

  • Hace varios días que no lo veo.

Melanie sintió algo raro en el pecho, como un mal presentimiento.

  • ¿Sabe cuándo vuelve? —preguntó.
  • Quién sabe —respondió la señora—.

Melanie y Valeria salieron de la tienda en silencio.

  • Eso está muy raro —dijo Valeria.

Melanie volvió a mirar el negocio.

Recordó la discusión de Samantha, la forma en que se había ido cuando vio que alguien la miraba.

Por primera vez sintió que tal vez Samantha había estado metida en algo grave y que nadie más entendía.

Pero no dijeron nada más.

Las dos regresaron a sus casas confundidas.

Pero Melanie no podía quitar el recuerdo de Samantha tirada en el río.

Cada vez que pasaba por él cerraba los ojos o miraba para otro lado para no recordar lo que había pasado, pero un día decidió volver al lugar.

Cuando llegó al río todo estaba tranquilo. El sol alumbraba las ramas de bambú y el agua seguía pasando entre las piedras con un sonido relajante.

Se sentó en una roca y respiró profundamente pensando en Samantha.

Melanie estaba a punto de irse cuando vio algo atrapado entre unas ramas cerca de la orilla.

Se acercó.

Era una pequeña bolsa plástica.

La abrió con mucha curiosidad.

Dentro había algo que no imaginaba.

Era una prueba de embarazo.

A Melanie le temblaban las manos.

Se quedó quieta unos segundos.

No necesitaba pensar demasiado para poder adivinar de quién podía ser.

Samantha.

Guardó la prueba otra vez dentro de la bolsa y miró el río.

En el pueblo ya casi nadie hablaba de lo que había pasado.

El nombre de Samantha aparecía cada vez menos en las conversaciones.

Melanie dejó la bolsa exactamente donde la había encontrado.

Luego se quedó mirando el agua un momento más.

El río siguió corriendo entre las piedras. Y entre ellas quedó la verdad que Samantha había intentado esconder.

Tal vez no le faltaban palabras, tal vez le faltó alguien que las oyera a tiempo.

Y aun así, siempre hay alguien que habría escuchado, si hubiera sabido.