El funeral

Autor: TrueMan Capote (Deyvi Stevenn Gutierrez Serna)

Le echan otra capa de tierra encima. Apenas podemos creer que a quien sepultan es a nuestroamigo, o sería más preciso decir que Elfonso Molina es una especie de papá para nosotros, aunque algunos somos mayores en edad que él. En cualquier momento vamos a hacer algo. Nos miramos entre nosotros; algunas veces ocultamos nuestras miradas de ellos. Le terminande echar la tierra como si estuviera muerto y nos indigna mucho, se nota. Intentamos dar un paso e interrumpir, pero las palabras se atragantan.

Antes de la primera palada lo escuchábamos clarito. Nos contaba una de sus historiasde siempre; tan importantes, tan necesarias. Estaba rígido, con los labios quietos, peronosotros lo oíamos. A pesar de la distancia y de estar en el hueco su voz salía potente. Cuando venía la capa de tierra su narración se sofocaba un poco, pero no perdía fuerza. Seguía y seguía cada vez más lúcido, cada vez menos audible al estar siendo tapado. Finalmente en la última palada solo se escuchaba un murmullo. Tenías que acercarte y poner el oído, pero ninguno lo hacía. Había la sensación de que los culpables del mal, que estaban entre los asistentes, se hacían los que no escuchaban, o en realidad se enseñaron a que cualquier sonido que viniera de allí era nada.

Claro que no está muerto. Lo prepararon de esta manera: lo sacaron en plena madrugada con complicidad de sus mal llamados familiares, le dijeron que estaba muerto, y él como muy consciente de que aún estaba en el sueño y apenas ponía un pie fuera de este había dicho que sí, que estaba muerto. Había decidido dejarse llevar y llevarse como a un difunto, como si en un haber se resolvía el tema de mantener un pie en el sueño y otro afuera. No pensó que algunos estaríamos disgustados por ello, y que si hubiéramos visto, la escena hubiera sido diferente. Uso la manera en que él nos enseñó a ver las cosas, tengo la certezade que así fue. Se lo llevaron rápido; no hubo velorio. Los de su casa no dieron razón del porqué. Dijeron que se lo habían llevado bien muerto y que ya ni caso, que alguien había patrocinado el entierro.

El hecho es que a muchos les parece mejor que esté así, bien muerto, es algo que hacen sin saber las consecuencias para ellos y para nosotros. Elfonso no está enfermo aunque lo rodea tanta gente enferma, sobre todo del corazón. Él está más saludable que cualquierade nosotros. ¿Con qué iban a justificar lo que hacían? A lado y lado del cajón hay personas que dicen ser otros familiares, pero son desconocidos que más bien parecen custodios; y en el centro están sus familiares conocidos, que no tienen facultad de sostener una mirada a nadie. Tampoco tienen dolor, sus espasmos son pantomimas. Con verlos se confirma lo que ya sabíamos: habían quienes lo querían difunto, sin entender del todo por qué, y motivaron a sus familiares para la traición. Si doña Hernestica y don Luis estuvieran, no habían permitido que sacaran así a su hijo, como a un muerto.

Elfonso vivía desde siempre en una casa del centro de la cuadra, y desde muy pequeños nos habíamos hecho amigos, teníamos casi la misma edad. Con el tiempo llegamos a ser un pequeño grupo de amigos a los que se veía jugar constantemente, hacer todo juntos. Nos reuníamos en algún punto de esas calles que estaban a medio pavimentar. Ya en la juventud parecía mayor que nosotros por mucha diferencia. Resolvía los pequeños dilemas con la maestría del veterano y los grandes dilemas con la paciencia de un monje. Nadie sabe de dónde le empezaron a llegar esas historias que desde entonces empezó a relatarnos y que no paró de contar. Era como si le llegaran de los sueños o se apoderaran de su facultad del habla, para luego venir a este lugar del mundo. Entonces solo nos quedaba escuchar y aprender. Todas las cosas parecían ser más de lo que eran después de oír aquello, al igual quela gente parecía hacerse más gente. Él con su cabello crespo, un poco enredado sobre su cabeza grande, sus ojos negros, brillosos, que te miraban y parecían realmente ver toda tu persona, sin juicios. Sentías un afecto diferente, como si al decir hermano fuera algo más grande y extraño.

Hago esfuerzo para escuchar los sonidos que vienen desde la fosa. Para ellos quedó listo el asunto, ponen las últimas flores. Parece que fuera un espectáculo arrojarlas, como si estuviesen tirando insultos de colores. Unos se retiran satisfechos, otros parecen interesados en que sepamos que estuvieron hasta lo último. Por sobre sus miradas intento no perder el hilo de la música que me llega de Elfonso, es decir, la historia que al mismo tiempo habla de los que estamos en el lugar y nos sostiene. Está ahí. Conforme su voz amortiguada por la tierra se pierde, también empezamos a desaparecer nosotros. Hoy sabemos que él y sus palabras son las que nos mantienen con vida y que debemos mantenerlas como sea.

Algunos prepararon su incursión para la madrugada. Tienen sus palas listas y revisan quién más los va a acompañar. Yo en cambio he dejado una pala por allí guardada, debajo de unas ramas. Pienso no salir del cementerio cuando todos se vayan. Sé que es necesario que lo saquemos antes de que aquel murmullo sea inaudible para todos.